Gaudí, en su primera etapa, tiene tendencias historicistas, e incluso nacionalistas de estilo neomudéjar. De esta primera etapa son la casa Vicens, el palacio episcopal de Astorga, la finca Güell, el Capricho de Comillas, y la casa de Botines en León. En una segunda etapa, ya más personal, recibe la influencia del arte africano y de los pueblos primitivos, sobre todo árabes, la naturaleza y las formas de Capadocia. Esta influencia se puede ver en el parque Güell.
A Gaudí se le ha considerado, en ocasiones, como el último artesano medieval, ya que no recurría a la industria para solucionar sus problemas arquitectónicos, sino que daba respuestas concretas y originales a problemas específicos, elaborando las piezas de manera única. Proyecta sus edificios como casi como esculturas. Los muebles, los mosaicos, las rejerías, todos los detalles finales salen de su propia mano. Utiliza escasamente el hierro, sólo en sus fabulosas rejerías.
El parque Güell es una de sus obras más originales. Es, en realidad, un proyecto para una ciudad jardín, pero se queda en su preparación. Para la decoración de todos los motivos usa la cerámica rota, que pega a modo de mosaico. Utiliza como recurso las columnas inclinadas, para dirigir el peso, así como arcos y arbotantes con distintos ritmos, dando al conjunto una apariencia caótica, casi expresionista. La casa de Felipe Batlló es otra de sus obras más representativas. En ella se ven claramente sus tendencias expresionistas. Los volúmenes asemejan cuerpos de animales.
La casa Milá es una de sus obras más conocidas e internacionales. Asombra su decoración de guerreros, sus luces y sus sombras y las diferentes texturas que se observan.
Pero la obra más significativa de Gaudí es la Sagrada Familia, su último encargo, que dejó inacabado, pero que es una auténtica antología de toda su obra, y su edificio más conocido.
Además
de Gaudí hay en España otros arquitectos
modernistas
de importancia, mucho más clásicos, que trabajan en todo
el país, aunque principalmente en Barcelona
y Melilla.
Melilla es, tras Barcelona, la ciudad de España que más edificios
modernistas concentra, gracias a la labor de un discípulo de Gaudí,
Enrique
Nieto, que se
afincó en Melilla debido a lo difícil que era trabajar en
Barcelona. Entre estos arquitectos destacan Lluis
Doménech
i Montaner (1850-1923), que construye el
Palacio de la
Música de Barcelona,
Josep
Puig i Cadafalch
(1867-1956), casa Martín, Los cuatro gatos,
Enric
Sagnier, Alexandre Soler i March
y Francesc Guardia i
Vial.
Tras la marea modernista se retoma el nacionalismo arquitectónico con Antonio Palacios (1876-1945): Banco Central, Casa de Correos, Antonio Flórez (1877-1941): Residencia de Estudiantes, Teodoro Anasagasti (1880-1918): Real Cinema, cine Monumental, Modesto López Otero (1885-1962): Ciudad Universitaria de Madrid. Incluso encontramos regionalismos como, en Cantabria Leonardo Rucabado, en el País Vasco Manuel María Smith, en Aragón Ricardo Magdalena y Félix Navarro, y en Andalucía Aníbal González. La siguiente generación, al recuperar el nacionalismo, encontró el estilo herreriano, lo que les acerca al racionalismo. Destacan Secundino Zuazo (1887-1970): Nuevos Ministerios, y Gutiérrez Soto: Ministerio del Aire.
![]()