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Arte islámico: Pintura, escultura y artes suntuarias

     Las artes figurativas en el islam nunca tuvieron un gran desarrollo, más por prejuicios sociales que por una prohibición expresa del Corán. Lo que el Corán condena es la idolatría, no la representación figurativa. Esto quiere decir que hay una escasez real de pintura y escultura, aunque no absoluta. No obstante, en épocas rigoristas anicónicas, sí que se lanzaron fatuas de prohibición de pintar seres vivos. Hoy en día la mayoría de los musulmanes no las tiene en cuenta. Lo que sí se ha respetado es el tabú de pintar la cara de Mahoma y sus compañeros de los primeros tiempos.

     En pintura hay que destacar la miniatura persa, que al igual que la de los cristianos decora libros, el Corán, libros de literatura y científicos. Los motivos son tanto religiosos como de la vida palaciega y sus placeres. Es la mayor fuente de imágenes figurativas del islam que tenemos. Su época de esplendor son los siglos X y XI.

     En la miniatura distinguiremos tres escuelas la árabe, la persa y la turca. La escuela árabe aparece en el siglo XII en torno a Iraq. Nos proporciona un testimonio a cerca de las costumbres de la época. Destacan obras como los Autómata de al-JariziAlyarizi en español tradicional, obras de medicina atribuidas a Galeno o Dioscórides (La materia medicina), el libro de fábulas de Calila y Dimna, y libros de aventuras. Pero sobresale el Libro del arte veterinario. La segunda escuela es la persa, a partir del siglo XIV, que tiene una influencia oriental, sobre todo china. Destacan el Bestiario de Ibn BajtistaBakhtista en otras transcripciones, el Libro de los reyes y el Tratado de anatomía de las constelaciones. En el siglo XVI se conoce la figura de BezadBhezad en otras transcripciones, que crea la escuela bezadiana, famosa por sus obras de género y los retratos. La tercera es la escuela turca, a partir del siglo XIII. La obra más representativa es El libro del saber de los aparatos mecánicos.

     En la decoración predominan los motivos geométricos, los colores planos y vivos y las líneas negras. Uno de los motivos más característico es la caligrafía, con frases del Corán.

     La escultura es aún más escasa. Se reduce a las artes menores: cerámica, vidrio, marfil, cofres, etc. Sin embargo, existen relieves con motivos geométricos y caligrafía, en puertas y paredes. Este tipo de representaciones encuentra su ámbito en la élite social islámica, que gusta del lujo. Escultura como la del Patio de los Leones en la Alhambra es extraordinaria.

     La cerámica comienza en el período abasí. El principal centro productor es la ciudad turca de Izmir (Esmira), en la que se fabricaron los primeros azulejos decorados.

     En marfil destacan los olifantes (cuerno de marfil) de carácter decorativo y finamente labrados.

     En la fabricación de vidrio aparecen nuevas técnicas, como el soplado y el vidrio pintado.

     La madera se trabajó con mayor profusión, ya que las obras estaban destinadas a la talla de alminares, tribunas, mihrabes, armarios y recubrimiento interior de cubiertas.

     Entre los metales sobresale el bronce, en el que aparecen motivos animales. Servían como objetos de vajilla o de uso religioso.

     Pero lo más representativo es el desarrollo de los tejidos. Utilizan todo tipo de telas, pero gustan sobre todo la seda, y las alfombras y tapices.

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