En el islam no es necesario acudir a la mezquita para rezar, pero sí se establece la costumbre de acudir a ella a la oración del medio día del viernes, lo que justifica la construcción de mezquitas de grandes dimensiones. A diferencia de otras religiones, la mezquita no es el lugar sagrado en el que reside Alá, y por supuesto no se guardan en ella estatuas de santos. Se trata de un lugar de oración en el que se reúne la umma y en el que se escucha el sermón del imán.
Existen tres tipos básicos de mezquita: la mezquita hipóstila, que es el primer modelo. Se concreta en la época omeya y posee gran número de columnas perpendiculares a la alquibla, aunque también pueden ser paralelas. La cubierta es plana y de madera; la mezquita de ivanes, que aparece asociada a la madraza, desde el siglo X (el elemento diferenciador es el iván, un espacio cuadrado, generalmente cupulado y abierto al exterior por uno de sus lados); y la mezquita de planta centralizada, cubierta por una cúpula. Este tipo aparece tras la toma de Constantinopla por los turcos, que toman la iglesia de Santa Sofía como modelo. La mezquita completa, incluso el patio de abluciones, está cubierta por una cúpula.
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