Este es uno de los períodos más esplendorosos del ate islámico. Tienen influencias hispanorromanas, sirias y bizantinas. Se desarrolla entre los siglos IX y X. Cuando en Occidente aún no ha aparecido el románico.
Emplea el muro de piedra con sillares bien labrados, el hormigón y la mampostería. Pero también aparece el ladrillo y el yeso.
El soporte
preferido es la columna con fuste y capiteles
de estilo
hispanorromano, en el que destaca el orden
corintio estilizado,
que con Abderramán
II se convierte en el capitel islámico. Abderramán
III construye Medina Azahara
en donde se emplea
el capitel de avispero.
Aparece el pilar
compuesto de planta cuadrada o cruciforme con columnas
adosadas.
Se superponen los soportes
para ganar altura, poniendo
una columna sobre un pilar o sobre otra columna. Los capiteles
llevan encima amplios cimacios,
lisos o decorados
de manera geométrica, en los que se apoyan los arcos
de herradura.
El arco de herradura es de origen visigodo, pero en Córdoba se estiliza y perfecciona, se hace un poco más peraltado. Desde aquí se difunde a todo el mundo islámico que lo adopta como una de las señas de identidad de su arte y su cultura. Los arcos de herradura más cerrados se hacen en el siglo X. Aparecen los arcos lobulados de tres o cinco lóbulos. Las dovelas se decoran, en principio se alternan las dovelas blancas y rojas, más tarde se alternarán dovelas decoradas y lisas. Los arcos, a veces, se entrelazan para formar arcos apuntados y mixtilíneos. El arco es un elemento arquitectónico exento, por lo que puede superponerse y yuxtaponerse. No forman bóvedas sino que son perpendiculares al muro y forman vigas para sostener una cubierta plana, o una falsa bóveda de crucería. Se combina el arco y el dintel. El arco puede ser un elemento decorativo o un elemento de descarga. Cuando el arco forma parte del muro se enmarca con un alfiz, que generalmente está decorado.
La cubierta suele ser plana o una falsa bóveda, que da como resultado una bóveda gallonada, en forma de huso y abundantemente decorada. Pero no faltan ejemplos de bóvedas de cañón y de arista. La más original es la bóveda califal, formada por una serie de nervios entrecruzados que dejan un espacio central en el que se sitúa una bóveda gallonada.
También son característicos los modillones, elemento voladizo sobre el que se asienta una cornisa o alero, o los extremos de un dintel, y las almenas escalonadas que rematan los edificios.
La decoración es compleja y variada. Utiliza todos los convencionalismos de la decoración musulmana. Está realizada en mármol, estuco, alicatado e, incluso, mosaico.
Los edificios
más representativos de este período son la mezquita
de Córdoba, de larga historia constructiva y compendio de
todo el arte, y el palacio de Medina
Azahara. La mezquita
de Córdoba responde al modelo
hipóstilo
con una sala de oración de once naves perpendiculares a la alquibla.
Consta de dos pisos: el inferior, con columna con un capitel corintio
estilizado
que sostienen arcos de herradura y las dovelas alternan los colores
blanco
y rojo; y el piso superior, en el que encontramos pilares que se apoyan
en las columnas y sostienen arcos de medio punto. El palacio
de Medina Azahara lo mandó construir Abderramán III
en el 936, como palacio califal y centro del poder. Se trata de una
auténtica
ciudad privada. El conjunto está rodeado por una muralla. En el
interior hay diversas terrazas y jardines alrededor de los cuales se
articulan
los edificios. Los muros de piedra fueron cubiertos con mármol y
con una decoración muy estilizada. También son de reseñar
la mezquita de Bad al-Mardum
,
(hoy ermita del Cristo de la Luz), el castillo de Gormaz, y el puente
sobre
el Henares en Guadalajara. Abundaron las alcazabas
que formaron la línea defensiva del Califato.
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