El período protogótico abarca la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIII. Todavía mantiene una influencia muy grande del románico. Se conoce al maestro Mateo que hace el pórtico de la Gloria en Santiago, la cámara Santa de Oviedo, y San Vicente de Ávila.
En el período clásico, mediados del siglo XIII, se entronca con la tradición francesa. Destacan las portadas de las catedrales de Burgos y León. También sobresalen los sepulcros. Existen tres talleres: el de Burgos (puertas Sarmental y Coronería), el de León (Virgen Blanca, obispo san Mauricio) y el de Palencia.
En el período manierista los talleres más importantes se encuentran en Toledo, pero también destacan las escuelas de Navarra y Levante. Se introduce la estética italiana, más estilizada y con el canon más largo. Las figuras tienen formas blandas, sinuosas y delicadas. Destacan las puertas del Reloj y de Escribanos en la catedral de Toledo, la catedral de Vitoria, el claustro de la catedral de Pamplona, la portada de Santa María de la Guardia y la portada de la catedral de Huesca.
En el período
hispano-flamenco se deja sentir la influencia
borgoñesa,
y del arte flamenco y germánico. Ahora se acentúan
las notas patéticas y dolorosas
en las expresiones
de las figuras, que se hacen más naturales. Dominan los temas
de la Virgen y los crucificados. Son característicos los ropajes
amplios que producen efectos de claroscuro.
Es el
estilo de Claus
Sluter
.
En la Corona de Argón se
conocen a autores
como Guillen
de Sagrera:
San
Pedro y san Pablo de la catedral de Mallorca;
Pere
Oller: retablo de la catedral de
Vich, Pere
Joan: San Jorge de la Diputación de
Barcelona;
y Pere
Anglada: Ángel
del Ayuntamiento de Barcelona. En Castilla
trabajan
Francisco
de Colonia y
Diego de la Cruz. Pero sobre todo destacan
las figuras de
Juan
de Colonia: retablo de san Nicolás
en Burgos;
y Gil
de Siloé:
sepulcro
de Juan II e Isabel de Portugal en la cartuja de Miraflores
y su
retablo, los castellanos son los escultores
isabelinos.
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