En Alemania el gótico triunfa sobre todo en las regiones occidentales, debido al influjo francés. Sin embargo, aquí la tradición carolingia, otoniana y románica es muy fuerte. La primera construcción auténticamente gótica es Santa Isabel de Magdeburgo. La influencia francesa se deja sentir en la catedral de Colonia. También son destacables las catedrales de Ratisbona, Erfurt, Ulm y Estrasburgo. No obstante, el gótico llega hasta el siglo XV.
En Inglaterra
el gótico tiene un desarrollo peculiar.
Potencia
las líneas rectas; es más macizo y horizontal
y utiliza una pantalla a
modo de telón tanto
por delante como por detrás de la catedral. Además, usa con
profusión las bóvedas de abanico.
En
Inglaterra el gótico presenta tres etapas:
el estilo primitivo, con
catedrales como las de Canterbury
,
Lincoln
y Salisbury
;
el estilo decorativo, en el
que la decoración
se hace independiente de la arquitectura, con catedrales como las de York,
Exeter
y Wells
;
y el estilo perpendicular,
más racional y organizado,
y con tendencia a la desornamentación
exterior,
aunque se mantiene en el interior. En este período destacan las
catedrales
de Westminster
,
Gloucester
y el castillo de Windsor
.
El gótico
apenas entró en Italia; que
continúa
con las formas clásicas, los
muros macizos
y la tendencia horizontal. No encontramos aquí las señas
de identidad góticas, más que en algunos
elementos.
Los vanos son menos numerosos, lo que da pie para ser pintados.
Destacan
las catedrales de Siena,
Arezzo
y Milán. Pero lo característico del gótico
italiano es la arquitectura civil:
palacios y lonjas,
que aparecen en las numerosas repúblicas italianas. Son, pues,
edificios
de escasa altura. Destacan los palacios
de las Señorías
de Siena y Florencia, la cartuja
de Pavía, el
Ayuntamiento
de Perusa y el palacio ducal Casa del Oro
en Venecia.
En Portugal
el gótico llega a través de España. Destacan
el convento de Batalha
y el monasterio de Alcobaça
.
Sin embargo, en los siglos XV y XVI se desarrolla el original estilo
manuelino, que se caracteriza por su abigarrada
ornamentación.
El estilo se difunde por todo Portugal, pero destacan
el monasterio de Belem, el convento de
Tomar y la iglesia
de Olivenza, en España.
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