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Arte gótico: Arquitectura, la catedral

     En el siglo XIII el mundo cristiano se ha vuelto mucho más urbano y burgués. Surge una nueva ideología que se plasma en los ideales del abad Suger, brillo y esplendor frente a la austeridad del Císter. El gótico se caracteriza por la verticalidad y la luz, que es el reflejo de la divinidad. El nuevo estilo recibirá el apoyo de las autoridades municipales y la burguesía. Su expresión más típica es la catedral, en la que encontramos todos los elementos del arte gótico.

     Sin dejar de ser un arte didáctico, el gótico se vuelve mucho más decorativo. Utiliza un nuevo tipo de arco y de bóveda: el arco ojival y la bóveda de crucería, que gracias a sus nervios, que convergen en contrafuertes separados del muro, a través de los arbotantes; lo que posibilita un muro diáfano que se recubre con vidrieras, que permiten el paso de una luz tamizada por los colores de los cristales. Esta luz crea una atmósfera irreal, símbolo de la divinidad. Los rosetones son el marco privilegiado de las vidrieras de colores, que tiñen el interior de color, o de una luz blanca. Existe un contraste entre estructura y apariencia.

     Predominan las plantas de cruz latina en las que se distingue: la cabecera, el crucero y las naves, de tres a cinco. La cabecera tiene girola y capillas radiales. La nave central y el crucero son más anchos y altos que las laterales.

     El arco apuntado es una de las señas de identidad más características del arte gótico. Confiere a los edificios esbeltez y verticalidad. En el siglo XIII son muy abiertos, es el arco apuntado clásico. En el siglo XIV se hacen más apuntados y altos: se denomina arco lanceolado. Corresponde al momento de mayor verticalidad. En el siglo XV se utilizan el arco conopial, el carpanel y el mixtilíneo.

     Los soportes, generalmente el pilar, evolucionan desde los redondos (columnas) a los acanalados con forma de estrella. Aparece el pilar fasciculado, que tiene el fuste formado por varias columnillas delgadas (baquetones). En el edificio gótico se necesita un sistema de contrapeso adicional a la función sustentante ejercida por el pilar (otra seña de identidad gótica) para ello se usan los contrafuertes separados del muro. Los arbotantes enlazan la bóveda central con los contrafuertes a través de un arco rampante. En la intersección se ponen pináculos para hacer más estable el conjunto. Además, los arcos poseen canales de desagüe del agua de lluvia, que terminan en gárgolas. En los edificios más altos existen dos niveles de arbotantes.

     Tan características como los arcos apuntados son las cubiertas del gótico. Es la época de la bóveda de crucería, que permite cubrir espacios rectangulares a mayor altura. Está formada por dos arcos (nervios) que se cruzan en el centro: en la clave. El resto de la superficie se cubre con plementos. Con este sistema todo el peso de la cubierta descansa sobre los soportes, por lo que el muro de descarga es innecesario, y se puede cerrar el espacio con grandes ventanales. No obstante, para cubrir toda la nave siguen empleándose el sistema de arcos fajones. La bóveda de crucería evoluciona con el tiempo. En el siglo XIII se utiliza la bóveda de crucería simple. Para cubrir los espacios que no son rectangulares se utiliza un tercer nervio que divide la bóveda en seis partes (bóveda sexpartita). En el siglo XIV la bóveda se enriquece por medio de nervios secundarios (treceletes) que van desde los ángulos a la mitad de los nervios; y ligaduras, que van desde el centro del cuadrado a la clave. Ellos dan a la bóveda un aspecto estrellado (bóveda estrellada). En el siglo XV a las bóvedas se añaden nervios combados, que van del centro del cuadrado al centro de los nervios pasando por en centro de los treceletes. Aparecen, también, las bóvedas de plementería calada, que se recubren con vidrieras.

     Este sistema constructivo permite abrir vanos en los muros. En realidad los muros no son necesarios para sostener la cubierta, por lo que se permite la entrada de la luz lo más posible. El muro se cierra con vidrieras de colores que tamizan la luz. Las vidrieras se organizan en tracerías, o divisiones de piedra, que forman los vanos. Cada vidriera posee un armazón de hierro y un emplomado que unen los diferentes trozos de cristal, y forman las figuras. Las vidrieras son un elemento indisoluble de la arquitectura, aunque utiliza los mismos convencionalismos iconográficos que la pintura, y su mismo programa.

     La portada se revaloriza. Aquí aparecen los principales motivos ornamentales, que se vuelven más naturales. En ella se colocan las torres y las puertas. Las torres pueden estar adosadas a las naves, o justo encima de las puertas laterales. La fachada típica tiene forma de H. Está formada por dos torres cuadradas, rematadas con un elemento piramidal. Poseen tres niveles: la portada de entrada, los ventanales y el rosetón: que iluminan el interior. También las portadas laterales se decorarán. El rosetón tiene también una función simbólica, pues representa la luz de Dios. En ocasiones la fachada se remata con un gablete triangular. Las portadas siguen el modelo románico: son abocinadas y en ellas se encuentra la decoración escultórica. Su número varía en función de las naves que hay en el interior.

     En el alzado de la catedral se distinguen tres partes: la arquería, el triforio y el claristorio o ventanales. El muro tiende a desaparecer, sobre todo en lo alto. El triforio es estrecho, ya que pierde su función de tribuna, y se emplea sólo para que pase la luz al interior.

     En el gótico se distinguen cuatro etapas: el gótico primitivo o protogótico, al que pertenece Notre-DamePronunciado /notre dam/ de París. Tiene un aspecto un tanto románico. El gótico clásico, del siglo XIII, principalmente en la primera mitad, a la que pertenece la catedral de ChartresPronunciado /shartres/, y en el que desaparece la tribuna, y los ventanales se alargan. El gótico manierista, de la segunda mitad del siglo XIII, que en algunos lugares se alarga hasta el XIV. Se multiplican los radios de los rosetones, y se complican y estilizan todos los elementos arquitectónicos. Además, hay una mayor luminosidad, porque el triforio casi desaparece en favor del claristorio. Y el gótico flamígero, sobre todo en Francia durante los siglos XIV y XV, en el que las estructuras se vuelven más sencillas y la decoración más abundante. Se caracteriza por la decoración de calados con adornos asimétricos, semejantes a las ondulaciones de las llamas. Aparecen: el arco conopial y las bóvedas estrelladas, como en la catedral de Oviedo. Esta es la época en la que surgen, en España, el estilo isabelino, en fusión con el mudéjar.

     Además de las catedrales, adquieren importancia otros edificios civiles. Las ciudades crecen dentro de sus murallas, gracias a la burguesía, y aparecen edificios de administración y comercio. Se levantan el ayuntamiento, las lonjas, sin dejar de construirse castillos y fortificaciones militares, con menos vanos. La ciudad tiende a organizarse en torno a la catedral, el ayuntamiento y la lonja. Aparecen, también, palacios urbanos, que expresan la riqueza tanto de los nobles como de la burguesía.

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