No obstante, como reacción aparece el romanticismo que trata los temas de su tiempo, y expone la concepción de la vida burguesa. Aparecen los paisajes como motivo central, lo que implica un cierto distanciamiento de la función didáctica y una aproximación a la función estética.
Aquí también se encuadra la figura de Goya, una personalidad genial que representa lo feo y lo expresivo como forma artística.
El expresionismo apela a la intimidad y a la intuición, trata de conmover despertando los fantasmas subjetivos que cada uno llevamos dentro, en un mundo desquiciado por la tecnología, las guerras mundiales y el capitalismo industrial.
En el siglo XX se producen las rupturas con el lenguaje artístico que ha venido siendo aceptado desde el arte clásico. Se subvierten las relaciones entre forma y contenido, la hegemonía del inconsciente, de la reconstrucción mental de la obra. Al espectador se le exige una nueva actitud ante la obra de arte.
Fruto del fenómeno urbano surge una nueva arquitectura que rompe con todas las tradiciones. Es un arte urbano para una sociedad urbana. Hay una tensión radical entre abstracción y figuración, que tiende a la pureza y a la simplificación del mensaje.
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