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La revolución contemporánea

El arte en el siglo XIX

     Ante lo intrascendente del arte rococó hay una reacción neoclásica, en la que se entiende el arte como un medio de educación, didáctico, al servicio del racionalismo estético y el espíritu crítico. Se recuperan los temas clásicos y mitológicos. Con lo que se desvinculan los temas representados de la propia época. Pero estos toman un carácter moral, la moral de la burguesía capitalista que empieza a triunfar.

     No obstante, como reacción aparece el romanticismo que trata los temas de su tiempo, y expone la concepción de la vida burguesa. Aparecen los paisajes como motivo central, lo que implica un cierto distanciamiento de la función didáctica y una aproximación a la función estética.

     Aquí también se encuadra la figura de Goya, una personalidad genial que representa lo feo y lo expresivo como forma artística.

El siglo XX

     El impresionismo inicia el camino hacia la abstracción, una de las aventuras más apasionantes del arte: la consecución de la belleza artística por sí misma, sin vínculos con el mundo real. Ya no se imita a la realidad, se interpreta de manera más o menos real. Cada vez se da más importancia al color, a la forma, al paisaje y a las sensaciones que produce su combinación en la composición, y menos a su vinculación con la realidad. Una obra es bella por las combinaciones de colores y por sus formas, no por su parecido con la naturaleza.

     El expresionismo apela a la intimidad y a la intuición, trata de conmover despertando los fantasmas subjetivos que cada uno llevamos dentro, en un mundo desquiciado por la tecnología, las guerras mundiales y el capitalismo industrial.

     En el siglo XX se producen las rupturas con el lenguaje artístico que ha venido siendo aceptado desde el arte clásico. Se subvierten las relaciones entre forma y contenido, la hegemonía del inconsciente, de la reconstrucción mental de la obra. Al espectador se le exige una nueva actitud ante la obra de arte.

     Fruto del fenómeno urbano surge una nueva arquitectura que rompe con todas las tradiciones. Es un arte urbano para una sociedad urbana. Hay una tensión radical entre abstracción y figuración, que tiende a la pureza y a la simplificación del mensaje.

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