En el mundo del arte hay mucho esnob que cree que todo lo que hace un artista es arte, y sin embargo hay mucha obra de arte que no se entiende, que hay que andar explicando su significado. Pero el arte es un medio de expresión, así que cuando hay que aclarar su significado es que es malo. Cada obra de arte debe dejar claro lo que pretende decir. ¿De qué sirve un medio de expresión en el que luego hay que explicar lo que se ha querido decir?
Existen obras de arte en las que el público entienden otra cosa de lo que el artista ha pretendido decir, estas obras fallidas son malas, porque hay que andar explicándolas.
En realidad no podemos decir que todo lo que han hecho los grandes artistas: Velázquez, Goya, Picasso, Miguel Ángel es una obra maestra, seguramente ni siquiera todo es bueno, ya que la excelencia es algo muy raro hasta para los más grandes. ¿Cuánto menos podemos decir que todo lo que hace un artista es arte? Y menos cuando el título de artista, hoy en día, es autoconcedido.
Esta condescendencia con los artistas actuales es culpa de la hipercorreción. Muchos de nosotros sabemos del rechazo que en su día provocó el impresionismo, o el cubismo, o el arte abstracto, y el escándalo mayúsculo de La consagración de la primavera, y no queremos ser los «idiotas» que censuren una obra de arte que en el futuro se pueda considerar una obra de maestra. Sin embargo, nos olvidamos que también ha habido obra tachadas de basura que en efecto lo eran y no han pasado a la posteridad. Es más, ha habido obras saludadas como arte que hoy en día son consideradas, como mucho, mediocres. Artistas enteros, que en su día fueron unos triunfadores, hoy están totalmente olvidados; y justamente olvidados. No nos acordamos de ellos precisamente por su olvido.
Por supuesto esto no quiere decir que se deban repetir los mismos códigos artísticos indefinidamente, pero cuando se rompen el resultado debe explicarse por sí mismo. La obra de arte debe tener los suficientes puntos en común para que sea reconocido, y los suficientes puntos de ruptura para que sea una novedad; un punto de vista nuevo. Es cierto que para entender determinadas obras de arte hay que conocer códigos particulares, y que el saber de arte ayuda a su interpretación, pero en esos casos los códigos son comunes por lo menos al estilo, y en ningún caso todo el código debe ser totalmente nuevo y desconocido para quienes no conozcan el estilo. Hasta los códigos más rupturistas, el cubismo y la abstracción no figurativa, conservan elementos básicos que cualquiera puede reconocer: la línea, el color, la forma, y hasta la intención de provocar emociones, aunque sólo sea la del gusto decorativo.
Otra cosa son las obras de arte con cuyo mensaje no estamos de acuerdo. Aquí la obra sí transmite el mensaje y la intención del artista. El rechazo se produce no por la obra sino por su mensaje; por ejemplo si se hace apología del nazismo o del terrorismo. En estas obras podemos censurar su mensaje pero no el ser obra de arte. No por ser una obra de arte la tenemos que valorar positivamente.
Así pues tenemos tres casos, la obra no entendida, bien por que usa códigos que nadie conoce bien porque no se sabe lo que quiere decir, la obra malinterpretada que usa códigos conocidos pero que el artista ha usado mal, hasta el punto de que la obra no dice lo que el artista pretende, y la obra que sí transmite la intención del artista pero con cuyo mensaje no estamos de acuerdo. Las dos primeras son malas obras de arte y la tercera es discutible.
El crítico pusilánime que no se atreve a decir que una obra es mala hace un flaco favor al arte. Al cabo, se ha llegado a considerar arte cualquier ocurrencia por estúpida que sea. No es cierto. No se dejen engañar.
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