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La pintura etrusca

    El pueblo etrusco vivía plenamente la existencia terrenal confiado en un vida dichosa de ultratumba. Los vestigios de su arte así lo confirman, porque están dedicadas casi en exclusiva a la creencia del más allá. Las pinturas que han llegado hasta nosotros se reducen a la decoración de tumbas.

    En el estudio de la pintura etrusca se diferencias tres épocas cronológicas: el influjo oriental, entre el 700 y el 575 a.C., con dos subperíodos, uno entre el 700 y el 625 a.C., con influencias fenicias y chipriotas, y otro entre el 625 y el 575 a.C., con influencias griegas. Esta es la época del gran esplendor de la pintura etrusca. El tercer período se extiende hasta el siglo III a.C., ya de decadencia, hasta enlazar con la pintura romana.

    Se cree que las técnicas que usaron los etruscos son las mismas que usaban los pintores helénicos, ya que el arte etrusco parece seguir la misma evolución. Los temas reflejan sus creencias religiosas, el pensamiento acerca de la muerte y la esperanza de la vida eterna y gozosa tras el fallecimiento. Las tumbas eran labradas en la roca o construidas con grandes bloques de piedra. Dentro se colocaba el sepulcro y las paredes se pintaban con escenas que nada tenían que ver con la tristeza de la ausencia del ser querido. Estas escenas presentan aspectos de lo que fue la vida del difunto, alegría y fiestas junto a su familia, juegos, cacerías, etc., que es lo que aparecen en los muros. Los etruscos copiaron profusamente el paisaje que tenían a su alrededor, tanto natural como social.

    Todo se dispone armoniosamente en una decoración geométrica dividida en bandas, techos, frisos, y toda la estancia. Las figuras están marcadas por fuertes trazos, lo que nos habla de un importante dominio del dibujo. La composición de estos frescos presenta mucho movimiento, con una armonía cabal y estilizada, con formas simples. El color tiene un simbolismo: los hombres aparecen en tonos oscuros y rojizos y las mujeres en tonos claros, indicios de la masculinidad y feminidad. En general los valores de las tintas son muy armoniosos y sin estridencias.

    También el sarcófago se pinta. Son de terracota con figuras semitendidas sobre las tapas. Tienen vivos reflejos de claroscuro, y un tratamiento que muestra la preocupación por la vida de ultratumba.

    Otra gran realización de la pintura etrusca es la de los vasos, que se difunden a imitación de los vasos griegos.

    De las doce ciudades que formaron la confederación etrusca las que mejor han conservado mejor las muestras de su arte son: Cerveteri, Veyes, Chiusi y Tarquina.

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