La pintura barroca holandesa y de Flandes es heredera directa de la flamenca, tiene un lenguaje más burgués, que le diferencia del lenguaje cortesano del resto del mundo.
El barroco admite una gran variedad de temas y técnicas, propaga los valores de la Contrarreforma, el absolutismo y la burguesía. Se recrea en los espacios abiertos, predomina el color y la luz sobre el dibujo, y busca los efectos de contraste que producen las luces y las sombras, con una técnica que se llamará tenebrismo. La pincelada suele ser larga y flexible. Frecuentemente utiliza la perspectiva aérea para dar profundidad al cuadro.
Se acude a los temas religiosos, escenas de santos, mitológicos y el retrato, tanto el individual como el de grupo, que aparece ahora. El paisaje humanizado cobra importancia por sí mismo (marinas, vistas rurales, etc.), y surge como tema nuevo el bodegón, sin presencia humana.
No se entiende la pintura barroca sin hacer referencia a dos estéticas diferentes: el tenebrismo y el eclecticismo o clasicismo. El tenebrismo consiste en el choque violento de la luz contra la sombra. Da a las obras un rabioso naturalismo. El fondo queda en penumbra, o desaparece, mientras que la escena queda en primer plano. El eclecticismo trata de salvar el gusto clásico dentro de la nueva estética. Si en el tenebrismo se aboga por el naturalismo en el eclecticismo se hace por el idealismo. Esta es la estética que triunfa dentro de la Iglesia católica, ya que es la más apta para exaltar a la Iglesia. Se trata de una estética decorativa efectista y teatral.
La escuela
de
los Carracci
es la representante del eclecticismo,
mucho más
clásico y por lo mismo más aceptada por
el
poder. La escuela se instala en Bolonia
y creará
la Academia de Bolonia, la
primera Escuela de Bellas
Artes. Para ellos el paisaje
es el gran protagonista.
A esta escuela pertenecen Ludovico
Carracci, el fundador de la escuela, junto
con Agostino
Carracci: Última comunión de san
Jerónimo,
y Aníbal
Carracci:
galería
del palacio Farnesio. De esta escuela saldrán grandes
pintores
como Guido
Reni:
El
bautismo de Cristo, Francesco
Albani: decoración de diversos palacios en
Roma, Doménico
Zampieri, el Domenichino
:
Diana cazadora, y Francesco
Barbieri, el Guercino: Abraham
expulsa a Agar y a su hijo.
En casi todas
las repúblicas italianas
encontramos grandes
pintores. En Nápoles
trabajan Giovanni
Batista Cariacciolo, el Batistello
:
San Cosme y san Damián; Massimo
Stanzioni: Degollación del Bautista,
y Mattia
Pretti: El agua de la peña.
Todos influidos
por Caravaggio, que vivió allí. También napolitano
es Lucas
Jordán
aunque trabaja fundamentalmente en España: Cristo expulsando
del templo a los mercaderes. Por Roma
pasan todos
los grandes pintores, pero aquí no hacen escuela. De tendencia
tenebrista
encontramos a Horacio
Gentileschi
:
La
Sagrada Familia con santa Catalina, y Bartolomeo
Manfredi. De tendencia ecléctica están Andrea
Sacchi
:
Visión de san Romualdo, y los grandes muralistas,
entre los que destacan Pietro de la
Cortona, otro de los grandes pintores del
barroco (no confundir
con el arquitecto Pietro di Cortona, que también pinta). Trabaja,
fundamentalmente, sobre grandes muros y bóvedas. Su pintura se
caracteriza por un brillante colorido, su agitación y sus
forzados escorzos:
Afrodita y su hijo Eneas; y Andrea
del Pozo: Triunfo de san Ignacio.
En Florencia
trabaja
Carlo
Dolci
:
David con la cabeza de Goliat. Y en Milán lo hace Giovanni
Batista Crespi:
La comunión como viático.
En Venecia,
durante el siglo XVII, sólo
encontramos a Doménico
Feti: La parábola de los talentos.
Pero en
el siglo XVIII trabajarán
aquí algunos
grandes pintores, que traspasan la frontera del barroco para entrar en
el rococó, como Sebastián
Ricci
:
Los
santos ruegan a la Virgen por las almas del purgatorio, Gian
Battista Piazzetta
:
que transforma el tenebrismo ya que colorea
las zonas obscuras:
La
adivinadora. Pero sobre todos está
Gian
Battista Tiépolo, con sus sonrisas y su luz
etérea y plateada: Abraham y los tres ángeles. Tiépolo
trabaja en Madrid donde
decora el salón
del trono del Palacio Real. En estos momentos en Venecia
toma carta de naturaleza el paisaje urbano.
Luca
Carlevaris forma una escuela de grandes paisajistas.
Entre ellos destacan Antonio Canal,
Canaletto: Paisaje de Venecia,
y Francesco
Guardi: Paisaje con ruinas antiguas.
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